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"Las actuaciones de payaso tienen mucho que ver con hacer el amor: das y recibes"

"Cada función es como un partido de fútbol: me preparo lo mejor que puedo y salgo a ganar", afirma Jaume Mateu, fundador de Payasos sin Fronteras
22-10-2015 12:07
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El payaso Tortell Poltrona besando la escultura de Don Enrique. José Luis González

El payaso Tortell Poltrona besando la escultura de Don Enrique. José Luis González

El catalán de 60 años Jaume Mateu se convierte en Tortell Poltrona cada vez que sube a un escenario. Fuera de su personaje clown, que comenzó en 1974, es un cosmopolita que no puede contener las ganas de contar un chiste a cada rato. El IX Festival Internacional de Clownbaret (FIC) trae a la Isla a este fundador y director de Payasos sin Fronteras desde 1993, que ofrecerá su espectáculo Post Clàssic, una recopilación de sus mejores números. La cita con este maestro industrial en mecánica y electrónica será mañana en el Centro Cultural de Adeje y el sábado en el Teatro Guimerá de Santa Cruz, ambas funciones a las 20:00 horas.

¿Había actuado aquí?

He paseado en El Hierro y Lanzarote y actuando también pero hace muchos años creo que en Gran Canaria a principios de los 80. Llevo 40 años actuando y no me acuerdo ya de todos los sitios. Pero hacía mucho que no comía gofio y papas arrugadas con mojo.

¿Cómo se le presenta la actuación en el FIC?

Me hace mucha ilusión la de Adeje y me da miedo la de Guimerá porque el teatro es muy grande y me han dicho que no suele haber niños y cuando pasa eso a mí me toca trabajar el doble. Los adultos no tienen capacidad de reacción, son unos mentirosos adulterados y normalmente no responden a sus emociones de la misma forma que los niños. En esto he cambiado mucho: cuando era joven quería trabajar para universitarios porque pensaba que el payaso hacía humor inteligente y al final he llegado a la conclusión de que el trabajo es mucho más agradecido cuando la respuesta del público es instantánea.

¿Qué le gusta más, calle o sala?

Básicamente trabajo en mi circo, Circ Cric. Me gusta mucho trabajar en pista porque estoy rodeado de la gente y en esto de la comicidad hay mucho de la empatía: si la gente se ríe, todos nos reímos. Cuando es frontal tienes tres lados cubiertos y solo actúas en uno, por lo tanto no tienes que hacer tanto esfuerzo físico. Diría que el circo es el trabajo de calle y de sala a la vez. A mí me gusta el público: sin dinero soy capaz de trabajar pero sin público me es imposible.

¿Alguna vez se ha encontrado con un niño descontrolado?

En el mundo del payaso aprendemos las cosas pro experiencia y sumar años es sumar actuaciones. No me ha pasado todo todavía pero sí muchas cosas. Siempre hay un punto de duda cuando vas a actuar porque no es un arte científico. Cada actuación es como un partido de fútbol: me preparo lo mejor que puedo y salgo a ganar. En una actuación tú eres el conductor de una orgía de la risa.

¿Algún consejo para los padres de hoy en día?

Difícil. En el Sáhara los niños no tienen videojuegos, funcionan de forma militar y ven las cosas de otra manera. Ellos con una pelota de trapo juegan a todo pero aquí no se te ocurre jugar a fútbol con una pelota de baloncesto. Ahora los niños tienen tantos estímulos que es complicado. De todas formas están tan poco acostumbrados a los espectáculos en directo que enseguida los atrapa. Es difícil conseguir el ritmo trepidante del plasma pero esta es la guerra y venimos a ganarla.

¿De dónde salió a la idea de Payasos sin Fronteras?

De una escuela de Barcelona en la que un maestro que no quería hacer el servicio militar se fue a hacer uno sustitutorio a un campo de refugiados. Mandaba cartas de los niños del campo a la escuela y viceversa. Los niños catalanes me llamaron en las navidades de 1992 para proponerme ir a hacer un espectáculo, me pagaron el viaje, marché el 23 de febrero de Barcelona y el 26 hicimos la primera actuación en un campo de refugiados del entonces Yugoslavia. Vimos que se podían cambiar muchas cosas y que un espectáculo cómico les daba a los que lo han perdido todo la capacidad de la esperanza. Han pasado muchos años pero seguimos: Irak, Líbano, Jordania, Macedonia, Lesbo, Liberia... Tras el tsunami de 2004 en el Índico fuimos a un instituto donde de los 1.500 niños quedaban 700. Era una situación muy bestia. Cuando acabamos el director nos dijo que les habían llevado de todo pero nadie les había traído la vida. En estos momentos sería incapaz de renunciar al privilegio de poder ser el transmisor de esta alegría, es algo que no tiene precio.

¿Cómo coge fuerzas para hacer reír donde parece imposible?

Los niños son niños mientras no sean capaces de decir mentiras y desconozcan el significado real de la palabra muerte. Muchos de estos niños sí la conocen pero poderles recuperar este instante de alegría me parece fantástico. Tengo 44 expediciones a mis espaldas y salgo de casa con la alegría de que tengo la posibilidad de poder regresar.

¿Alguna vez le ha podido la situación?

Sí, claro. Mi personaje no es humano, es una máscara de pintura y nariz de payaso. Con lo cual, al igual que los títeres, soy capaz de hablar de las situaciones humanas, incluso de las que no entiendo, desde otra perspectiva, y la fuerza me la da el hecho de formar parte del mundo de las máscaras, las representaciones.

Muchos rechazan los espectáculos de payasos porque tienen una imagen arcaica de ellos.

El payaso existe desde el amanecer de los tiempos en todos los territorios. San Filemón, patrón de los payasos y artistas callejeros, es también patrón de los epilépticos, o sea, que tenemos una relación con los enfermos mentales. Hay gente incapaz de comprender el mundo de lo abstracto, a los payasos y reírse de sí mismo, ¡igual consideran que sus vidas son una cosa seria! Les diría que se acercaran al FIC porque les va a cambiar la idea. Aún así, creo que es endémico de la sociedad: a mí me dan miedo los curas, los políticos y los militares, y sé que no todos son malos, pero me cuesta.

¿Cómo se mantiene en forma?

Un jugador de fútbol estaría retirado y tendría mucho dinero pero como yo soy autónomo desde el año 75 me mantengo en forma haciendo mi trabajo e intentando cuidarme. Además, voy al gimnasio cada vez que puedo para hacer natación porque es un tiempo que me permite reflexionar porque no puedo hablar con nadie.

¿Cómo lleva su vida de viajes y actuaciones?

Despertándome y mirando dónde estoy antes de bajar de la cama [ríe]. Uno de los privilegios de este oficio es poder viajar, me ha permitido vivir muy intensamente y estoy muy agradecido. En las actuaciones de payasos lo fundamental es vivir y saciarte del púbico y que éste lo haga contigo; tiene mucho que ver con hacer el amor: das y recibes.

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