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La miel, un alimento más completo que los edulcorantes

Su contenido de azúcares y presencia de sales minerales lo convierten en un magnífico complemento para deportistas
30-12-2016 13:54
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La miel, un alimento más completo que los edulcorantes

La miel, un alimento más completo que los edulcorantes

La miel, uno de esos alimentos básicos de la humanidad como el pan o el vino, está presente en todas las culturas, y al ser el primer edulcorante conocido por el hombre -y hasta la llegada del azúcar el único empleado- es un continuo referente de la vida cómoda y placentera.

Su consumo por el hombre viene desde muy antiguo, existen pruebas de la recogida de miel por el hombre en el neolítico, como las pinturas rupestres de la Cueva de la Araña, en Bicorp (Valencia) y en jeroglíficos egipcios, entre otros, y su papel de alimento natural se ha mantenido intacto hasta nuestros días.

Por su carácter de alimento básico es de todos conocido qué es la miel, así como su relación con la abeja, pero desde un punto de vista normativo, se entiende por miel “a la sustancia natural dulce producida por la abeja Apis mellifera a partir del néctar de plantas o de secreciones de partes vivas de plantas o de excreciones de insectos chupadores presentes en las partes vivas de plantas, que las abejas recolectan, transforman combinándolas con sustancias específicas propias, depositan, deshidratan, almacenan y dejan en colmenas para que madure”. (Norma de calidad de la miel, Directiva 110/2001 CEE).

Conforme a esta definición para poder denominar a un producto como miel han de conjugarse tres factores: la abeja melífera, proceder de sustratos de origen vegetal, y que por la acción de sustancias propias de la abejas el producto se transforme y madure en un panal. Por el contrario quedan fuera de esta denominación varios productos definidos popularmente como miel, de los que algunos gozan de gran popularidad pero que normativamente no deben recibir esta denominación, nos referimos a lo que se conoce como miel de miel de caña (melaza de caña) o la Miel de palma (sirope de savia de palmera), típica de Canarias y así como miel de arce, miel de ágave, y jarabes de glucosa (imitaciones de miel).

Por su composición la miel es un alimento fundamentalmente energético, el único alimento rico en hidratos de carbono de origen animal. Más de sus dos terceras partes son de azúcares sencillos (90-95% del total de Glúcidos de la miel), glucosa y fructosa casi a partes iguales, pero normalmente la fructosa en mayor proporción. El resto de la miel se compone de agua y sustancias minoritarias, que son las responsables de la diversidad de colores y aromas existentes entre los diferentes tipos de mieles, así como de la mayoría de las propiedades que se le atribuyen a la miel.

Entre las sustancias minoritarias de la miel destacan los ácidos orgánicos -fundamentalmente ácido glucónico (70-80% de la acidez total.) que confieren a la miel una elevada acidez. Materia nitrogenada, compuesta por proteínas del polen y enzimas de la miel, y minerales, destacando por su concentración el Potasio, y a distancia el Fósforo, Calcio, Sodio y Magnesio.

El valor nutricional de la miel es muy elevado destacando por su poder energético (304 kcal/100g) y su carencia de grasas. Posee un bajo nivel de proteínas (0,2-2,6%), derivadas principalmente de los granos de polen que tiene en suspensión y minerales y vitaminas en pequeñas proporciones, siendo variable su contenido en K (500 mg/100g) y ausencia de la vitamina B12.

Su espectro de azucares y presencia de sales minerales lo convierten en un magnífico complemento para deportistas combinando azúcares de absorción inmediata (glucosa) con otros de más lenta absorción (fructosa) y solutos que ayudan a reponer los minerales perdidos por el sudor y esfuerzo físico.

Es un alimento más completo que otros edulcorantes ya que suministra minerales, vitaminas y otros nutrientes aunque sea en pequeñas proporciones.

Actividad enzimática


La miel es rica en enzimas, que son las sustancias responsables de la transformación del néctar en miel y de características de conservación de ésta. La mayoría son aportadas por las abejas durante la elaboración de la miel.

Antioxidante


Hay sustancias en la miel que la dotan de importantes características antioxidantes, concretamente su fracción polifenólica, y más específicamente del tipo de los flavonoides (destaca pinocembrina, además pinobanksin, chrysin, galagin). Además contiene vitamina C (ácido ascórbico), selenio, y catalasa.

Las mieles oscuras presentan generalmente mayores niveles de estas sustancias y por tanto características antioxidantes. Este efecto será de utilidad en la elaboración de alimentos donde la miel sea un ingrediente, ya que actúa como antioxidante natural del alimento. También es importante en el mantenimiento de la salud, luchando contra el envejecimiento celular (elimina radicales libres).

Poder Antibacteriano - antiséptico


Los múltiples beneficios de la miel son conocidos por muchos, aunque quizá lo que sigue siendo desconocido para la mayoría es por qué la miel resulta un antibacteriano tan eficaz para el ser humano. Ante un escenario en el que muchos medicamentos y antibióticos actuales se topan con bacterias cada vez más resistentes, la miel se ha convertido en uno de los remedios más recomendados por los especialistas para hacer frente a infecciones bacterianas.

Sus beneficios son innumerables: ayuda a estimular el sistema inmunológico, ayuda en la digestión y pérdida de peso, e incluso aliviar los síntomas del resfriado, entre otras ventajas. Todas estas propiedades configuran un ambiente incompatible con el crecimiento y multiplicación de microorganismos, logrando no solo que no puedan vivir, sino incluso eliminarse.


Usos terapéuticos de la miel


Además de los empleos tradicionales en la medicina popular (muchas veces carentes de evidencia científica) se está extendiendo el empleo de las propiedades terapéuticas de la miel en la medicina convencional, normalmente ligadas a sus características físicas y antibacterianas. Se recomienda su uso en:

1. Tratamiento de quemaduras (por su poder higroscópico, antiséptico e hidrosoluble).
2. Cicatrización de heridas.
3. Úlceras gástricas y duodenales (ataca al Helycobacter pilory).
4. Diarreas y problemas gástricos.
5. Actividad prebiótica, facilitando el crecimiento de microorganismos beneficiosos para el organismo, gracias a la presencia de determinados tipos de azúcares.
6. Desensibilizaciones a alergias a determinados tipos de polen.

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