El punto de un buen solomillo a la plancha ha de ser tal que la pieza resulte muy jugosa sin por eso dejar de ofrecer un asado bien logrado. Antes de ofrecer un solomillo demasiado hecho, que puede estar hasta casi correoso, es preferible dejarlo un si es no es crudo o sangrante. Un solomillo no muy graso aporta unas 130 kcal (546 kj) por cada 100 g de carne limpia.
PREPARACIÓN
Se prepara inicialmente la salsa de trufas. Para ello se fondean en una cacerola (marmita) el puerro y la cebolla, picados, hasta que tomen color dorado; se moja con un vaso de brandy, otro de oporto y el jugo de las trufas, y se deja reducir a fuego medio. Ya en su punto, se complementa con una buena salsa española (elaborada según costumbre) y, finalmente, se suman las láminas de trufas.
El solomillo, troceado adecuadamente, se hace a la plancha según los gustos de cada comensal (más pasado, menos pasado, etcétera) y se sirve con una guarnición de patatas avellana (fritas) y crujiente de jamón, cubierto todo con la salsa de trufas.
Conviene salar la carne una vez ya hecha a la plancha; se evita, así, que se seque en exceso.